El huerto
Es hora de enviarle flores al destino
a las losetas que guardan
esas huellas clandestinas
que todavía sueltan humo
en cada esquina de mis párpados
Es el tiempo de plantar
una docena de árboles de insomnio
una aguacero celeste color falda de mujer
una risa de niña pequeña
y diez dedales
que preserven mis dedos
de las heridas
Tal vez con las flores
y ese ese huerto sembrado
me aguarde un otoño más
un invierno menos
y la aurora boreal
que alumbra aquí en el verano.
Quincho.

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