Semillas de fuego
Recogeré las cenizas
de todos tus brazos
que rodearon mi cuello,
cuando la noche se hacía día,
cuando mi pronombre
se hacía tu verbo
y lo ponías a andar,
otra vez
para la máquina
de hacer caricias
y allí las cenizas
se harán carne nuevamente,
se harán olor de uvas,
matices claros, piel,
recobrarán su impudor
las vilezas y letras,
las semillas del fuego
que llevamos en este pecho abierto
de par en par.
Quincho.
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